jueves, 28 de noviembre de 2013
Te tengo atada a la pata de mis sueños.
Encontré un manuscrito perpetrado
con ciento veintidós palabras con
casi todas sus letras
aún humeando
y tus huellas
descerrajando a quemarropa
que esta vez tú
otra vez tú
ganabas: la banca de nuevo.
Tu madre tenía razón
en que yo era afortunado
en amores, contigo.
Porque en juego se ve
que no,
que siempre pierdo.
¿Y qué pasa cuando
juego al amor?
¿a qué pierdo?
¿al ardor de la sangre o al vicio?
Gana quien pone las normas,
me dices.
Entonces gana tu madre
O tu novio de ahora
Me caía bien
al principio
tú también me caías bien
y tus pies siempre helados
porque para notarlos
tenías que meterte en mi cama.
Y el grito de después
y el abrazo sin buenas noches,
y la almohada vagabunda
y el dormir pensando que qué suerte.
haberte ganado
Ya ves,
para después perderte.
Porque quien quiere
siempre acaba perdiendo
Y no sé,
yo diría,
que aún te quiero.
Y no es que yo quiera quererte.
de hecho, si no te soñara,
ni tu novio de ahora
pasara por delante de mi trabajo
sonriendo
por cierto,
¿no le pilla un poco lejos?
yo ya te habría olvidado
es decir,
me acordaría de ti
en pasado
No como ahora
que te recuerdo,
a pesar mío,
en presente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario