viernes, 29 de noviembre de 2013
¿Tú crees que nos aprenderemos los nombres de todos los árboles?
No me gusta esta ciudad
tan nueva por fuera,
tan vieja por dentro.
Se han puesto de acuerdo
Todos
para confundirnos
a los que llegamos de lejos
con tanto cristal laminado.
A mí me gustaba esta ciudad
cuando me veía apuesto
junto a ti en el reflejo
de los escaparates
Pero ya no me gusta
no tengo la necesidad
de verme, sólo de verte
a ti
sin espejos
ni instagram, ser yo
en los treinta y dos píxeles
de tus ojos,
me veo
y pienso
qué suerte,
pareces Tokio
tan llena de luces
y pasos de peatones
tan alborotados,
tan en orden.
Deberían hacerte visitas guiadas
jardines incluidos, los viernes
en tu primavera
de cerezos en flor
Me gusta el campo
o una ciudad pequeña
íntima
¿nos vamos?
en dónde seamos alguien
de quien cuchicheen las viejas
tras las cortinas
al verte pasar
tan multiorgásmica
con odio
que en este caso es lo mismo
que envidia cochina.
Y ver en el espejo
endulzarse tu cuerpo
con el azúcar del tiempo,
hacernos viejos
y reírnos detrás de las cortinas
cuando pase otra mujer
que aúlle a la luna
otra exiliada de esta ciudad
que no me gusta,
(vámonos)
que es una jaula
con barrotes de vidrio
del que no pueden escapar
los maniquíes
Quieren que nos convirtamos en ellos
o que muramos
pero en realidad no quieren
porque ellos ya son suficientes
y nos odian
y nos engañan
construyendo ciudades nuevas
ellos, tan viejos
cuchichean detrás de su escaño
lo bonita que te ves
al pasar
y quieren que yo no exista
que no tengas más remedio
que verlos
a todas horas
reflejados en tus ojos
tan grotescos ellos
en los escaparates
junto a ti
en su ciudad hecha de hielo.
Estoy cansado de que seamos nadie
o peor aún,
casi nadie.
Está decidido.
Nos vamos al campo
a una ciudad pequeña
tú y yo
y tu perro
y mis gatos
Sólo con intuirlo menean el rabo
¿sabes qué creo?
Que no deberíamos vivir en ciudades
donde los perros
y los gatos
no fueran felices.
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