domingo, 8 de diciembre de 2013

El primer amor pasados los cuarenta



Diría que casi oigo la voz
dentro de tu cabeza.
"ahora viene el beso"
y aún no sé si abriremos la boca
hasta que sea inevitable
o si nos detendrá la última pizca de cordura
que nos queda.

No sé si alejarnos después de la proximidad
es el último acto consciente
de locura que no cometeremos
o es otra forma de dejar pasar la vida
por delante de nosotros sin atrevernos
a sacarle los colores.

Y buscar una penumbra
donde quitarnos
quietamente,
con el pudor de dos adultos
viejos en amores,
la ropa escogida a conciencia
para paliar a la vista
lo que las manos no sabrán esconder.

A mí, a veces, me da vergüenza
imaginarme más joven de lo que soy,
creer que los espejos son
esa realidad que uno no prepara
porque nunca llega
y que se parece tanto a estudiar
a última hora,
o a salir tarde de casa.

En todos los años vividos,
no he tenido miedo a demasiadas cosas,
ni a correr delante de la policía,
ni a poner al jefe en su sitio,
no he tenido miedo a que a los chicos
se le torciera el alma
afuera en la calle,
pero he de confesarte que
cuando pienso que después del beso

encargaré a mis manos que te busquen,
y dejaré que las tuyas desemboquen en mi cuerpo,
y que de repente, deshaciendo el hechizo
de desconocidos pasemos a ser
íntimos amantes,
tengo miedo de que el tiempo haya vencido
a la memoria y al azogue cruel de los espejos.

Pero deseo tanto besarte...

No hay comentarios:

Publicar un comentario